Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de febrero de 2009

MEMORIAS DE UN ALMA II


Había planeado todo muy cuidadosamente, mis pasos habían sido de lo más certeros, nada ahora me podía detener, el profundo odio que recorría cada rincón de mi ser, me había dado mas que fuerza, ahora tenia poder.

Llamé por teléfono a Roxana, fingí tener una recaída, le dije que no contaba con nadie y necesitaba desahogarme; pero esta vez no la cité en ningún café o algún lugar en el centro de la ciudad, puse la excusa de no querer salir de casa debido a mi fingida depresión, la invite a venir a mí y ella accedió. La tendría donde quería, solo esperé a que tocara la puerta.


Cuando por fin llegó, me puse de lo mas triste, ella no sospechó nada, comencé a decirle que me dolía verla con Rodrigo, que había creído en ella cuando me dijo que cortaría con el y que a pesar de todo eso, ella no tenia la culpa, le dije que deseaba ser su amiga y que en esta historia el único culpable era Rodrigo. Luego de un rato, le pedí que me acompañara a mi habitación, porque tenía algo que mostrarle, subimos las escaleras, cuando estuvimos en el último escalón justo al frente de mi habitación, la abrasé, ella vaciló en pensar lo que estaba pasando, no dejé que reaccionara, y… la empujé.
Mi alma disfrutó verla caer, escalón por escalón, escuchar sus ahogados gritos de miedo, de pavor. Y cuando por fin su cuerpo chocó contra el piso, escapó de mí una gran carcajada de triunfo.
Bajé los escalones, hasta llegar a ella, pensé que estaba muerta; pero no, menos mal que no murió, eso no estaba en mis planes.

Luego de un momento en el que disfrute verla inmóvil, despertó y comenzó a quejarse – ¡Mis piernas!, ¡Mis piernas, no las siento! – yo no podía estar disfrutando con la mayor satisfacción aquel momento, me miró con los ojos llenos de lágrimas y me preguntó: - ¿Por qué me haces esto, Tamara? – Sin siquiera un rastro de misericordia en mí, le respondí – ¿Pensaste que te saldrías con la tuya, sin que yo mueva un dedo?, ¿Te creíste todo lo que te dijo Rodrigo de mi?, “Tamara la tonta, Tamara la sufrida, Tamara la que morirá amándolo, mientras que el está con otra”. Gran error niña ilusa. Aún no acaba lo que con tanto esmero he preparado para ti.
La dejé retorciéndose de dolor, sabia que no podía escapar, tenia las piernas rotas. Me dirigí a la cocina, aun podía escuchar sus quejidos de dolor. Abrí una gaveta de la alacena y encontré lo que estaba buscando, un cuchillo, uno de esos que se utilizan para cortar pan. Felíz por mi hallazgo, volví a la sala.
Roxana había intentado escapar, se había arrastrado como lo que era, una víbora asquerosa. Amarré sus manos con una soga que había tenido lista para su tortura, luego de eso, la cogí de los cabellos y le mostré el cuchillo, sus ojos revelaban el terror. Su miedo a morir como se merecía, me hacía más fuerte.

Comencé a recorrer su rostro con mi pequeño juguete, ella lloraba, me suplicaba que no siguiera, poco a poco fui hundiendo en una de sus mejillas, los pequeños; pero filudos dientes del cuchillo que en esta ocasión era mí aliado. Gustosa, terminé con mi obra de arte.
Un gran tajo en su mejilla, marcada para la poca vida, que para festín mío, yo le estaba dejando. Después de todo, estaba siendo piadosa, la dejaba inválida y con el rostro desfigurado; pero con vida.
Era ya hora de irme y seguir con mi dulce venganza. Salí de casa con mi mochila al hombro, cerré la puerta cortando de golpe el llanto y los gritos de Roxana. Nada me importó.

Fuí a un hotel, uno que conocía Rodrigo, pedí una habitación y dejé dicho al encargado que si venia un joven buscándome, lo dejara pasar.
Instalada en el cómodo cuarto, llamé a Rodrigo y con voz desesperada, le dije: – Voy a matarme, estoy dejando una carta en la cual te hago responsable de todo mi sufrimiento – Rodrigo debió asustarse mucho, aun con un poco de temor a que mi plan no saliera como yo lo quería, esperé a oír a Rodrigo pedirme le dijera en donde estaba – Luego de llorar y reiterarle mi decisión de quitarme la vida, le dije – Hotel “California” habitación Nº 13 – Cuando escuchó eso, trató de calmarme y me dijo que no hiciera nada, que el iría a verme.
Todo me estaba saliendo a pedir de boca. Mientras esperaba a que Rodrigo llegara, puse en la grabadora uno de sus discos favoritos, al menos quería que el muriera escuchando esa música satánica. Así, el iría más rápido al infierno.

Vertí el contenido de un sobre de veneno muy potente, dentro de una botella de gaseosa y la dejé sobre la mesa de noche, luego de eso saqué de mi mochila, el cuchillo que había utilizado con Roxana, una soga y varios objetos que utilizaría para mi cometido.
También, todas las cartas que había escrito la noche anterior, cartas en las que plasmaba los motivos de mi venganza, el dolor que mi alma había anidado y el odio descomunal que me habían llevado a cometer tales atrocidades.
Los golpes presurosos en la puerta de la habitación, me indicaron que Rodrigo ya había llegado. Fuí hacia la puerta y le abrí, el entró presto y de un golpe cerró la puerta. Me abrazó fuertemente, por un momento vacilé y quise volver a amarlo, pero ya era demasiado tarde, el odio había carcomido mi corazón y nada ahora podía hacer que yo retrocediera.
Me quité sus brazos de encima, le reproché todas sus mentiras, le dije todo lo que mi alma tubo que aguantar por culpa de sus caprichos y malos sentimientos. No lo dejé hablar, le juré pagármelas todas, le dije que hasta el final conmigo iba a estar y si no era por su voluntad, seria por la fuerza.

Entré al baño, el se había quedado atónito con lo que le había dicho, cuando reaccionó y se disponía a seguirme, yo ya tenia sujeto a mi mano un martillo que, previamente había escondido. Estaba preparada a acertarle un golpe donde fuere.
Le golpeé fuertemente en el estómago, debido a su dolor cayó de rodillas al suelo. Con gestos de dolor y sorpresa, me preguntó - ¿Qué haces?, ¿Te has vuelto loca? – No le presté importancia y seguí sin piedad proporcionándole más de mis furiosos golpes. Rodrigo intentaba persuadirme, pidiéndome que habláramos, su reacción ya era muy tardía. Yo no paré hasta que le atiné un golpe en la cabeza, comenzó a brotarle sangre a borbotones y quedó desmayado. Me aseguré de que no estuviera muerto.


Comencé a recorrer cada línea de aquel rostro cubierto ahora de sangre, recordando cada instante feliz que pase con el, odiándolo mas.
Fuí por la soga, lo até de pies y manos, sujetando mi cuchillo seguí observando su cuerpo inerte, ahora puesto a mi disposición.

Cuando Rodrigo volvió en sí, el volumen de la radio estaba al máximo, para así ahogar los gritos de mi victima tan amada. Cogí el cuchillo con ambas manos y comencé a proporcionarle certeras puñaladas en sus muslos, en su pecho y en donde cayeran. No fui capaz de mirarlo e ignoré sus desgarradores gritos. La ira me dominaba, mi sed de venganza se iba disipando, mientras más le arrebataba su existencia.

No sé cuantas puñaladas incrusté en su cuerpo, las lágrimas de ira me cegaron y no paré hasta aliviar mi corazón. Cuando todo pasó, estaba bañada en sangre, en su sangre, el estaba muerto. Por fin era completamente mío.

Contemplé sus ojos abiertos, vacíos, ahora solo me reflejaba yo en ellos y volví a ser feliz.
Fuí hacia la cama, tomé la botella de gaseosa que contenía el mortal veneno, aun contemplando a Rodrigo, fui bebiendo poco a poco aquel liquido que me llevaría junto con el, sabia que entendería que lo hice por amor.
Me retorcí de dolor, también debía pagar por haberlo amado. Mi vida se fue extinguiendo, mi corazón al igual que un león moribundo daba zarpazos aferrándose a la vida.

Ya no pertenezco al mundo de los vivos, me encuentro aquí en la nada.
Ha pasado mucho tiempo desde aquellos sucesos fatales y no he podido encontrar a Rodrigo, sé que está en alguna parte, talvez en el infierno.
Estoy atrapada aquí hasta el infinito, drenando dulcemente la sangre de nuestras vidas, la de él y la mía. Respirando el olor a miedo.
Siendo castigada por mi amor enfermizo, atormentada por los recuerdos y amándolo a pesar de ya no tener corazón.
Siendo demasiado buena para el infierno, pero no lo suficiente para el cielo.


“La venganza es dulce, cuando la sangre aun esta caliente”


martes, 9 de diciembre de 2008

"MEMORIAS DE UN ALMA"

"Relato basado en un 30% de hechos reales, Noviembre del 2006."


Recuerdo el día en por primera vez lo ví, acababa de mudarse al barrio y yo recién volvía de mis vacaciones de verano, había llegado felíz y relajada; pero con muchas ganas de ver a los muchachos, de conversarles de mis peripecias y reír junto a ellos.

Nadie sabía que estaba de regreso, seria una gran sorpresa. Salí de casa corriendo, llegué hasta el parque, como cada noche estaban reunidos platicando.

¡Hey! Tamara, ¡wow, estas de vuelta!, te hemos extrañado a montones, me dijo Sonia con una sonrisa en los labios.

¡Ingrata! Ni una llamada, ni un mensaje ¡No se vale!, me reclamó Javier; pero con un abrazo me dió a entender que todo estaba bien, saludé a todos, me sentía muy bien al estar de vuelta en casa.

Al lado de Beto, estaba sentado un chico que no conocía, pensé que era primo de alguien o estaba de visita por el barrio, aunque esto último era difícil de creer, nuestro grupo era muy cerrado y tenía que ser un amigo de todos para poder asistir a una de nuestras reuniones noctámbulas.

Mariela se dió cuenta de que estaba mirando al chico nuevo, - Ahh… no te hemos presentado a Rodrigo, se mudó aquí al barrio, a los pocos días que te fuiste.

- Se a hecho buen amigo de todos, aunque a veces tiene un genio…, nada, ¡Solo es broma!, ya lo conocerás y te darás cuenta.


- Hola Tamara, me han hablado mucho de ti – me dijo sonriendo.

- Hola… - y mirando a todos, dije - Seguro te han dicho lo mal que les caigo.

- No, Nada de eso – finalizó, soltando una pequeña risa.

Y cuéntanos ¿Qué tal la pasaste sin nosotros? – dijo Diego.

- Bien, bien, ya les contaré con mas detalles, pero ahora tengo que volver a casa, aun no ceno, no he desempacado y ni he saludado a mi abue.

- Debes estar cansada por el viaje – dijo Katty.

- Si…algo, bueno ya me voy, mañana habrá tiempo para un buen reencuentro.

Me despedí de todos, prometiendo para la siguiente noche quedarme hasta tarde.

Llegué a casa, entré en mi habitación, la había extrañado, mi rincón, las cuatro paredes que sabían toda mi historia. Me acosté en la cama y mirando la luz en el techo, pensando en lo bien que me sentía en casa, pensando en mis amigos, y… en Rodrigo, parecía interesante, ¡No!…debía quitarlo de mi pensamiento, era mas que seguro que ya debía estar en planes con alguna de las chicas o tener una novia por ahí.


A la mañana siguiente, luego de un buen desayuno, me esperaban muchas cosas por hacer, ir a la Universidad a matricularme y averiguar todo lo del ciclo, en conclusión, volver a la misma rutina.

El día pasó largo y aburrido, para la noche tenia que ver a los chicos. Cuando llegué al parque, ya me estaban esperando, Renzo había sacado la radio y se encontr

aban escuchando sus adquisiciones mas recientes, buena música, de la que nos gustaba. Luego de un rato de plática, llegó Rodrigo.


Ya estamos completos – Dijo Javier – ¿Ahora que hacemos?

Debemos festejar el regreso de Tamara como se debe – Dijo Beto.

Claro! Mínimo, ¿No? – dijo Sonia, que muy pocas veces la había visto tan entusiasmada.

Si pues… dije sonriendo y animando a todos, fuimos a la tienda a comprar un trago.


La música, el alcohol, los buenos amigos, la noche hermosa…fué un gran reencuentro.

Los días fueron pasando, los encuentros con mis archiamigos y lo mismo de siempre. De pronto algo dió un giro tremendo, cada día estaba mas cerca de Rodrigo, me buscaba y yo trataba de negar rotundamente el reciente interés que estaba surgiendo en mí.

Una noche en la que volvía de clases, me encontré a Rodrigo, el también regresaba a casa, así que fuimos juntos, platicando, luego de un largo trecho y de las constantes miradas que me fueron lanzadas por Rodrigo, se acercó a mí con la intención de darme un beso, al principio me negué; pero hubo una segunda oportunidad en la cual accedí.

Luego de unos días, en los que pensé que todo había sido un deslíz, Rodrigo me llamó. No esperaba que lo hiciera, me pidió que lo acompañara a caminar, no lo pensé mucho y le dije que sí. Ese día comencé a sentir algo por el, me atraía su personalidad tan propia, tan libre, tan seguro de si mismo… Luego los “Te Quiero”, los “Te Amo” y los miles de detalles, terminaron por conquistarme.

Pasó mucho tiempo luego de eso, era feliz a su lado, Rodrigo comenzó a ser parte de mi vida, a inmiscuirse en los rincones más profundos de mi corazón. Todo iba bien, claro, nunca faltan los pequeños problemas, nada que yo no tratara de solucionar.

El año estaba llegando a su fin, y volverían mis vacaciones lejos de casa y lo peor, sin Rodrigo. Era apropiado darnos un tiempo, un espacio para ambos, al fin y al cabo serian 2 o 3 semanas lejos de el, ¿Qué podía pasar?

Ya estaba de vuelta en el barrio, mis ansias por ver a Rodrigo eran inmensas, necesitaba tenerlo a mi lado, estaba mas que segura de lo que sentía por el.

Lo llamé, había pasado tanto tiempo sin escuchar su voz, la comunicación no era buena y me pidió que lo llamara luego.

Pasaron un par de horas y fue el quien me llamó, algo me decía que las cosas no estaban bien.

Me dijo – Tamara, durante este tiempo que estado solo, me he dado cuenta que lo nuestro no funciona – Estas palabras fueron fulminantes, pronto mis lágrimas comenzaron a escapar y a rodar por mis mejillas – el continuó – No quiero seguir contigo, es mejor que terminemos – no aguantaba mas, mi voz se quebró, le dije que no me podía hacer eso, que debíamos hablarlo en persona, pero el se negó rotundamente – Tratarás de buscar soluciones y yo no quiero encontrarlas – nada de lo que le dije con desesperación hizo que el cambiara su opinión.

Mi almohada fue refugio de mis lágrimas, ¿Dónde quedaron sus palabras y sus promesas?, mi corazón había sido reducido a añicos, las fuerzas se me estaban escapando. Fue un golpe muy duro; pero aun conservaba alguna esperanza…

Los días pasaron, volví a ver a mis amigos, les conté lo sucedido, se sorprendieron y me dijeron que Rodrigo ya no andaba en el barrio y que eran contadas las veces que lo veían, reprocharon su actitud cobarde de no querer decirme las cosas a la cara.

No pasó mucho, para descubrir el verdadero motivo de mi rompimiento con Rodrigo, estaba saliendo con una chica, su nueva novia. Una chica de la Universidad, la había conocido antes que me fuera de viaje. Durante mi ausencia Rodrigo no perdió el tiempo, lo imperdonable fue qué, no esperó a terminar conmigo.

Mas que dolor y pena, comencé a sentir odio, esa muchacha me había visto con el, me conocía y unas cuantas veces habíamos platicado.

Decidí buscarla, quizás Roxana me daría cara, y lo hizo. Me contó todo, lo mal que le había hablado Rodrigo de mí, quiso ponerse a mi favor y diciéndome que cortaría con el, nos despedimos.

Hablar con ella, me abrió más los ojos, me estaba dando cuenta a que clase de calaña pertenecía Rodrigo, no volvería mas con el, así él volviera a nacer.

Mi deseo ahora era que el pague por todo lo que me había hecho y que se trague una a una las palabras que dijo. Todo este tiempo se había burlado de mí y me lo dijo tan frescamente, fueron tantas cosas hirientes que he preferido olvidarlas.

Los ví un día, juntos, abrazados, besándose de lo más despreocupados, sabían que los estaba observando. Mis titubeos a comenzar mi venganza se disolvieron, ambos me tenían que pagar cada lágrima, eran responsables, eran creadores del monstruo lleno de ira que había nacido en mi alma.

Con sed de venganza, convencida de que Rodrigo era mío y no seria de nadie más, sin que paguen un alto precio. Dentro de mí, el oscuro sentimiento que estaba albergando se encontraba tejiendo con fuertes hilos de rabia y de odio, la idea mas macabra de arrebatarles sus miserables vidas.


Había planeado todo muy cuidadosamente, mis pasos habían sido de lo más certeros, nada ahora me podía detener, el profundo odio que recorría cada rincón de mi ser, me había dado mas que fuerza, ahora tenia poder...


Continuará


miércoles, 5 de noviembre de 2008

Elizabeth

Estaba durmiendo y de pronto salió de debajo de las mantas, al ver sus frágiles manitas que se asomaban lentamente, me hice para un lado y me incliné para observarla.

Se había sentado de rodillas y me miraba con sus ojos profundos, su vestido blanco no conservaba ninguna arruga, ni los años, ni las noches que había pasado bajo mis sabanas. Su boca pequeñita no conocía de sabores añejos, su nariz era virgen ante la neftalina y su piel pálida repelaba el polvo y hasta los olvidos, sus oidos conocían el canto del silencio y su voz era un eco en el vacio de la habitación.

Traía consigo los recuerdos que habían caído al abismo, y ahí ante ella, volvían, despertaban y me hablaban tan rápido que no les entendía, usaban otras lenguas que solo las conoce el viento, el tiempo... y los muertos.

Sabía que conocía a esa niña, sabía que había visto sus ojos, sabía que regresaría y de pronto el corazon se me lleno de alfileres.

¿Quien eres?

su sonrisa se dibujaba lentamente y entonces tuve miedo, quise olvidarla, quise dejarla donde siempre habia estado.

Elizabeth...

y hasta el día de hoy tengo encerrando martillandome tu nombre en mi oido derecho. Su voz vacia, su voz que ya no logra decirme nada, su voz que esta ahí pidiendome que no la olvide, que me pide todas las noches que rece por su alma, aunque yo no tenga ninguna oración, aunque mis plegarias sean tan paganas.

Me llamo Elizabeth y estoy muerta.

Estas muerta y no te entristece, tampoco te alegra. Estas muerta y me visitas por las noches, estando dormida o estando despierta. Estas muerta y me hablas al oido, con el silencio y en silencio, como tu lo sabes hacer. No te olvido y por eso siempre me preguntas si existe Dios y te digo que no lo sé, que yo también busco esa respuesta, te vas por un instante y regresas a repetirme que rece por tu alma o por mi alma, ya no entiendo, o quizas deba hacerlo porque ese es tu mejor alivio.

Elizabeth, me dijiste que estabas muerta y me mostraste tu rostro sin gestos, te acercaste y me diste un beso, quizas para robarme un poco de alma o para dejarme un poco de muerte. Metiste tu lengua en mi boca, quizas para que no te sintiera tan muerta o para que te sintieras de carne.

Entonces tuve miedo que tu beso fuera eterno, tuve miedo y te ordené que te fueras, desapareciste y no mas te ví...

Te busqué una noche de embriaguez, te pedí que me lleves o que me dejes de una vez, no se si apareciste... sólo sé que terminé bajo mi cama, llena de pelusas, de polvo y confusiones.
Creo que ahí fue cuando decidiste susurrarme al oido tu silencio que habla, porque han pasado los meses y no se ha ido... no te has ido Elizabeth y por eso hoy te escribo, te escribo para disculparme por no hacerte caso, por no ser parte de tus tormentos y no contestar tus preguntas, por deberle mil credos a tu alma, lo siento Elizabeth no debí ser yo a quien debiste aparecerte, para contarle tus miedos... para contarle tu muerte.


viernes, 31 de octubre de 2008

CUENTO POR HALLOWEEN: "La Habitacion"

En una quinta antigua que quedaba en la victoria se alquilaban habitaciones, pero había una en la cual no duraban los inquilinos, pues decían que ahí penaba… por las noches se oía el arrastrar de cadenas y que de aquel lugar salía una mujer vestida de blanco montada en un caballo.

SUPERSTICIONES!

Dijo Adela, después de oír esos comentarios de parte de los otros inquilinos. Entró al cuarto y cerrando la puerta de golpe se dispuso a sentarse en una silla al lado de la mesa, examinó con la vista la habitación, era amplia, la mas grande de toda la quinta y la más barata…

- No creo en fantasmas! , Que Muertos ni que muertos! A los que hay que temerles es a los vivos!
Y terminando de decir esa frase para sí, se puso a ordenar su ropa que estaba sobre la cama.

Pasó un tiempo, un año quizás algo más, no había habido nada que perturbase el sueño de Adela por las noches, no se le había aparecido ningún fantasma, ni siquiera había oído ruidos extraños.

- ¿No tienes miedo mujer? Yo no podría dormir ni una sola noche allí!!!
- No pasa nada, son puros cuentos - decía Adela - cuando recibía ese tipo de comentarios.

Adela tenia un novio y luego de frecuentarse por un tiempo, habían decidido vivir juntos, como ella estaba bien instalada y se sentía cómoda en la habitación que rentaba, le dijo a Teodoro que no estaría mal quedarse ahí, se repartirían los gastos y luego de estabilizarse ya buscarían algo mejor.

Así fué, Teodoro tenía un pequeño negocio que poco a poco estaba saliendo a flote, todo el día estaba en su trabajo, al igual que Adela y en las noches salían a pasear o a cenar, aunque algunas veces se quedaban en el cuarto viendo la televisión y platicando. No tenían problemas como pareja.

Pero con la llegada de Teodoro, sucesos extraños estaban apareciendo…

Cierto día que Adela no había ido a trabajar, Teodoro decidió cerrar temprano el negocio e ir a la quinta a buscar a Adela para que juntos fueran a comprar unos muebles.
Teodoro introdujo la llave en la cerradura de la puerta, la giró, pero no logró abrir la puerta, estaba cerrada desde adentro, Adela había echado seguro a la puerta! PORQUE??? QUE PASA?

Teodoro se quedó quieto y en silencio, para captar los ruidos que venían de la habitación, se oían voces, risas… Adela estaba adentro con alguien, CON UN HOMBRE! Le estaba engañando!
Teodoro lleno de ira golpeó la puerta, intentó volver abrir con la llave pero su intento fue en vano.
ABREME!
ABREME ADELA!
CON QUIEN ESTAS AHÍ? PORQUE NO ME ABRES??

Teodoro seguía escuchando las risas, las voces… Cansado de tocar, bajo las escaleras y se sentó a pensar en el patio:
El desgraciado tiene que salir por aquí, no hay otra salida, tarde o temprano tiene que salir! Tengo que saber con quien me engaña!

A la habitación de al lado justo llegaba Oscar, que era amigo de la pareja.

- Teodoro que haces ahí sentado? , te has quedado sin la llave seguro.
- No compadre! La Adela esta encerrada adentro con un hombre, no me quiere abrir la desgraciada, me esta poniendo los cuernos compadre!
- No Teodoro como dices eso! Adelita seria incapaz de hacerte eso, aparte como se te ocurre que en el mismo lugar que ustedes viven... Ni que se hubiera vuelto loca
- Yo los he escuchado se están riendo ahí adentro y no me quieren abrir, pero por aquí tienen que bajar, yo los tengo que ver!
- Compadre seguro el televisor se quedó prendido y esas son las voces que escuchas, mira mejor vamos, vamos, yo intento abrir.
- Ya vamos para que veas que no te miento.

Oscar intento abrir, tampoco lo logró, ahora ambos escuchaban las voces que provenían de la habitación.

- Ya vez Oscar! Están ahí adentro.
- Compadre seguro que se atascado la cerradura y el televisor esta prendido.
- No se que pensar, pero aquí me quedo, si alguien esta adentro, por aquí tiene que salir.
- Esta bien Teodoro, yo me quedaré aquí a acompañarte.

Al cabo de un par de horas, Adela llega con las bolsas de hacer el mercado y encuentra a Teodoro y Oscar sentados en el patio tomando cerveza…

- Adela! Aquí Teodoro te estaba esperando, ya vez Teodoro, no te ponían los cuernos
- De que hablan, ya están borrachos ustedes.
- Adela hay gente en la habitación, han cerrado la puerta por dentro.
- Que cosas hablas Teodoro, quien va a estar adentro

Subieron y llegaron a la habitación, Adela metió la mano en su bolsillo y sacó su llave, la introdujo en la cerradura, la puerta se abrió, el televisor estaba apagado y no había nadie…


Una noche, Adela se despertó debido a que Teodoro parecía tener una pesadilla. Teodoro se cogia el cuello y murmuraba cosas, no podía respirar, se estaba asfixiando.
Adela comenzó a preocuparse y movió a Teodoro para que se despierte de la pesadilla.

- Despierta!, Despierta! Que tienes?
- Suee… SueltaME CARAJO!!!
- Teodoro logro safarse de su atacante.

PLAP!

El crudo sonido, un cuerpo que impactaba contra el suelo. Algo cayó sobre el piso de madera y a los pocos segundos los escalones crujieron, alguien bajaba escapando a toda prisa.
Teodoro y Adela estaban atentos a los ruidos. Debería abrirse la puerta, faltaba el sonido del portón de salida. No lo oyeron…

Escuchaste todo eso Adela?
Si, Si… pero, que pasó Teodoro? Me esta dando miedo!
Un Monstruo! un monstruo me estaba ahorcando y me estaba jalando hacia debajo de la cama.
QUE??? Me estas asustando!
Logré safarme… tu escuchaste cuando cayó al suelo, las pisadas de alguien bajando escalera, y que no ha salido de la quinta!


Aqui les dejo un Videito, espero que les guste, Feliz Halloween! =)

miércoles, 15 de octubre de 2008

"Los dos cachorritos"


Era la una de la madrugada, los gritos pidiendo ayuda despertaron a Lucia, incorporándose en la cama, aun somnolienta, recordó que su prima Yolanda estaba en la cama del lado, entonces lo entendió, era el momento, Yolanda iba a dar a luz.

Lucia como pudo, ayudó a salir de la casa a Yolanda y a emprender la caminata de la bajada del cerro, en algunas esquinas de rato en rato, paraban para que Yolanda se repusiera de los dolores, luego de mas de media hora llegaron a la Avenida “Tupac Amaru”, estando ahí, esperaron el ómnibus que las llevaría al hospital.
Yolanda no podía mas, las contracciones eran cada vez mas seguidas, Lucia tenia miedo de que no llegaran a tiempo al hospital, el conductor pareció entender y acelero lo mas que pudo.

Al fin en el hospital, Lucia pensaba angustiada en la sala de espera, en menos de media hora se acercó a ella una enfermera para informarle que había nacido una niña. Lucia, quitándose el peso de la angustia de encima le dijo a la enfermera que esperaría a que amanezca para ir por las cosas que le hacían falta a Yolanda y a la bebé.
La enfermera le dijo a Lucia que, había órdenes estrictas de que ninguna persona que no fuera paciente podía quedarse a dormir en el hospital. Lucia insistió, pero la respuesta fue la misma.
Ya resignada, recordó que Maria, una niña muda que vivía con ellas, despertaba muchas veces de madrugada y lo primero que hacia era ir a la cocina y prenderla con los cerillos. Asustada porque Maria podía ocasionar una tragedia, emprendió rápidamente el viaje de regreso a su casita en el cerro.

Eran más de las dos y media de la madrugada, cuando Lucia descendió del ómnibus en la “Tupac Amaru”. La situación era distinta, todo era silencio, el cerro parecía dormir, de pronto el miedo comenzó apoderarse de Lucia.
Ella se persignó y pidió al alma de su madre que la acompañe, con paso firme y llenándose de valentía, avanzó algunos pasos de la subida del cerro, cuando de pronto detrás de unos quioscos aparecieron dos cachorros, Lucia que desde pequeña había aprendido de su padre a apreciar a los perros, los llamó.
Los cachorros se acercaron dando pequeños ladridos, Lucia continuó caminando y llamándolos, para su sorpresa, los cachorritos habían decidido acompañarla y se habían puesto uno a cada lado de ella, como escoltándola.
Lucia caminaba a toda prisa, con los cachorros a su lado, cada vez que se escuchaban los ruidos de borrachos o de personas que se acercaban, los cachorritos comenzaban a ladrar enfurecidos. Lucia aceleraba cada vez mas el paso, pero el tener a los cachorros a su lado, le daba cierto grado de tranquilidad, pues ellos estaban cuidándola.

Después de media hora de subida, Lucia llegó a la casa, dejó a los cachorros esperando afuera y fué a la cocina en busca de la cena que Yolanda no había comido debido a los dolores.
Cuando volvió a la puerta con la comida, los cachorritos no estaban, Lucia los llamó, incluso fue hacia la esquina en su búsqueda, pero no los encontró.
A la mañana siguiente, cuando Lucia tubo que ir de nuevo al hospital, buscó a los cachorros por los quioscos de donde habían salido, preguntó a los dueños de los quioscos, dando las características de los perritos, pero nadie nunca los había visto.
La curiosidad y el agradecimiento, impulsaron a Lucia a seguir buscándolos, incluso por todo el cerro, pero su búsqueda fué en vano.
Así pasaron los días, las semanas, los meses, Lucia siempre que iba al paradero para tomar el ómnibus, miraba los quioscos de donde habían salido los cachorros esperando volver a encontrarlos… nunca más los volvió a ver.

***Una historia que me contó mi madre y que sucedió hace 30 años, desde ese entonces ella sabe que sus ángeles son dos cachorritos.*


¿Y USTEDES QUE OPINAN, NO LOS HAN VISTO???

miércoles, 17 de septiembre de 2008

EL ELEGIDO

Hola!
bueno antes que lean este relato, voy ha hacer una pequeñísima introducción, este cuento (si asi podemos llamarlo) fue el primero que escribí (en el 2003), no ha variado mucho desde ese entonces, he preferido mantenerlo así, para recordarme el inicio y el descubrimiento de un nuevo mundo para mí...
Me animé a publicarla, ya que le conté la existencia de esta historia a mi mejor amigo: Juanjo, asi que aquí esta para que puedas leerla y no te quedes con la curiosidad.
Ah! y claro que también para todos los que me visitan y me leen, espero que les guste...
Un abrazo.


Sin saber Cómo, y haciéndose muchas preguntas, ¿Cómo estaba ahí?, no recordaba aquel lugar, no sabía si alguien lo había traído; pero ahí estaba, de pie, en la acera de esa desconocida calle.
La densa neblina, aquel frío entumecedor y ese extremo silencio, desconcertaban mucho a Orlando, a pesar de que le costaba aceptarlo, la atmósfera le producía un temor extraño, y a la vez, ansiaba seguir sintiendo recorrer poco a poco el miedo por su ahora gélido cuerpo.
Iba a dirigir su mirada hacia su brazo izquierdo; derrepente recordó haberse quitado el reloj y haberlo dejado en la mesa de noche de su dormitorio, por un impulso del cual él mismo se sorprendió, volvió su mirada hacia su muñeca izquierda, y… ¡ahí estaba!, el reloj de bordes negros con las manecillas pronunciadas, recordó entonces cuando su hermana menor se lo dió como obsequio cuando cumplió 20 años, tenía un gran valor sentimental, desde aquel día habían pasado ya más de dos años.
Después de estos fugaces recuerdos, reaccionó: ¡Eran las 3:35am!, debía regresar pronto a casa, pues no era nada seguro mantenerse ahí; pero no sabía donde estaba, ni mucho menos como regresar. Echó otra ojeada a su alrededor en busca de algo que le sea familiar, aquella calle estrecha tenía un afiche pegado que anunciaba un concierto, comenzó a leerlo, por la fecha indicada ya había sido realizado y los grupos musicales que se presentaron no eran conocidos o al menos él nunca había oído hablar de ellos, el lugar donde se realizó también era completamente desconocido.
Mas allá observó un aviso de un partido político que no conocía, además la fotografía y el nombre del candidato representante tampoco le fueron familiares, se trataba de elecciones presidenciales, ¿fue hace un año atrás?, era muy confuso, las anteriores elecciones fueron hace cuatro años y sólo faltaba uno para las próximas, ahora un mayor temor comenzó a invadirlo.
Con pasos apresurados se dirigió al umbral que se encontraba al final de la calle, ahí pudo observar incrustado sobre la ultima pared, un pequeño rectángulo de mármol con letras diminutas y borrosas, una inscripción que decía: “Calle de las Gárgolas”.
Orlando mas extrañado aun, jamás había imaginado que una calle tuviera aquel nombrecito. Se divisaba no muy a lo lejos una gran avenida, volvió a caminar en esa dirección, sentía que cada paso que daba se encontraba más lejos de la avenida, su corazón latía fuertemente, lo acompañaba un presentimiento extraño, un nudo en la garganta no lo dejaba respirar, su boca se encontraba seca y un sudor frío recorría sus sienes.
De pronto, de una de las callejuelas que se encontraban en el camino antes de llegar a la avenida, salió a su paso un hombre de un aspecto repugnante, estaba vestido con andrajos, el cabello y la barba larga, de ojos pequeños y una dentadura completamente podrida.
Orlando estaba paralizado, no sabía si avanzar o retroceder, la mirada de aquel hombre y su sonrisa maliciosa lo aturdían.
- Hola Muchacho – dijo el desconocido - sin borrar aquella sonrisa siniestra de su rostro. Orlando titubeó antes de contestar, por un momento pensó que ya no era un niño y aquel viejo mendigo no le podía hacer daño, porque él le llevaba ventaja en fuerza y rapidez, aun así, no lo abandonaba aquel miedo infantil.
- Hola – dijo Orlando, el extraño sonrió una vez más y preguntó: ¿Qué hace un chico por aquí a esta hora… y solo? - Orlando no sabía que responderle.
- ¿No sabes como estas aquí? - volvió a preguntar el viejo. Orlando tratando de contestar con naturalidad, dijo: - pues, es verdad, no se como llegué aquí, estoy desorientado y…- miró nuevamente el reloj - ¡Eran las 4:20am!, continuó diciéndole: - …es muy tarde y debo llegar lo antes posible a casa o se preocuparan por mí, le agradecería mucho si me dijera en que lugar me encuentro y, ¿cómo podría llegar a… - La fuerte carcajada del anciano lo interrumpió – Muchacho, Muchacho - le dijo, mientras movía la cabeza de un lado para el otro, en señal de negación.
El mendigo volvió a hablar: - Bienvenido al bajo mundo, donde tus pesadillas son reales, espero que disfrutes tu eterna estancia. - estas fueron las últimas palabras del anciano. Durante un par de segundos, Orlando se quedo con la mente en blanco. Cuando volvió en sí, el mendigo había desaparecido, Ahora estaba solo.
Lo que Orlando acababa de escuchar parecía haber sido sacado de alguna película de terror, ¡debía ser un sueño! ¡Esto no podía estar pasado!, se dió un peñisco, le dolió; pero no despertó. Las fuerzas comenzaron a escapársele, su corazón a dar latidos dolorosos y el cerebro a hincarle, como asquerosos parásitos, se retorcían sus pensamientos dentro de su candente cráneo, que de un momento a otro explosionaría. En un estado casi de locura, deseó despertar de aquel maldito sueño.
¿Qué le esperaba? ¿Qué no sabía y le provocaba tanto pánico? era algo incierto; pero sea lo que fuere, solo le quedaba seguir.
Ahora estaba mas cerca de la avenida, poco a poco sus pasos sonámbulos lo habían trasladado hacia el lugar exacto, se encontraba parado en frente del pórtico de una gran casa, afuera de ella se hallaba un tipo pálido, de mediana estatura y llevaba puesta una camiseta con capucha. Orlando trató de esquivar las constantes miradas lanzadas por aquel individuo y avanzó con rapidez.
En su recorrido por la avenida pudo percatarse de miradas hurañas que se escondían tras las cortinas de las silenciosas casas. La caminata se estaba haciendo mas larga de lo que había pensado, fue entonces cuando pensó en seguir por una calle contigua a la avenida, volvió a mirar su reloj ¡Eran diez minutos para las 6:00am! ¡Debería estar amaneciendo!; pero no veía por ningún lado asomarse el sol ¿Qué era lo que realmente estaba pasando? La angustiante impaciencia se estaba apoderando cada vez más de Orlando.
Caminó por la desértica calle, observó el mismo rectángulo de mármol, esta vez decía: “Calle de los Decapitados”, Orlando no sabia si echar a reír, era absurdo, estúpido, aquel sueño del que debería estar formando parte, era de lo mas patético.
Mientras avanzaba por la calle sombría y tenebrosa, pensó que no debería extrañarle lo que viera, pues, al parecer todo lo extraño en aquel lugar, era habitual.
De pronto, Orlando sintió que estaba siendo observado, volteó a mirar en todas las direcciones; pero no vió a nadie ¿Seria una alucinación más? Un escalofrío comenzó a recorrer su cuerpo, el estomago se le revolvió, sus pasos ahora estaban siendo mas rápidos, prácticamente estaba corriendo, ya lo hacia y sin detenerse buscaba una salida. Alguien o algo estaba disfrutando de su miedo.
Por fin, la puerta de una gran casa estaba abierta, era su oportunidad, Orlando se disponía a entrar corriendo, cuando de un crudo golpe, la puerta se cerró en frente de el.
Una voz que provenía de atrás dijo: - No esta bien entrar en donde no has sido invitado.
Orlando no quería voltear, estaba petrificado, algo le decía que esta vez no era un anciano mendigo.
- Orlando, disculpa por no haberte dado antes la bienvenida como mereces – se escucho decir de la misma voz.
- Ahora te invito a pasar a mi morada – la puerta se abrió, un gran salón sin luz estaba a la vista, en uno de sus sillones se encontraba alguien sentado, Orlando no podía ver quien era, ni quería.
El sonido de unos pasos, dieron a entender que había dejado el sillón, y ahora estaba de pie, caminando en dirección hacia donde estaba Orlando.
Mientras se acercaba mas, la escasa luz de la calle, ya podía hacer algo visible la figura de aquel hombre. Llevaba puesto un saco largo de cuero y botas, sus ojos negros vacíos y cansados estaban dotados de una mirada penetrante, la piel curtida por el paso de los años, pero a la vez desbordada de una juventud inimaginable, la cabellera larga y abundante.
- Mi nombre es Raynos, ahora yaces bajo mis dominios, ¿Tienes alguna pregunta que hacerme? Orlando no podía articular palabra alguna. - Un sueño, debe ser un sueño quiero despertar, era lo que se repetía para si mismo.
- Lamento decirte que no es así, este no es un sueño, y si estas aquí es porque así lo quisiste – aun estupefacto, Orlando pudo decir: - ¿Qué es lo que dice? ¿Yo quise estar aquí? ¡Lo que menos quisiera es estar en este lugar!
- ¿Has olvidado acaso las veces en que pediste a gritos dejar el mundo en el que habitabas?, deseabas otra vida donde tu serias el fuerte y poderoso, ¿Acaso no quisiste escapar de la incomprensión de tu familia y de aquellos que se burlaban de ti, que te minimizaban? Yo te escuché, he visto tu furia reprimida, me he alimentado de tus ansias, y he querido complacerte mi chiquillo.
Todo cuanto ves, me pertenece, esta es: Gehenna; la ultima ciudad, un mundo perdido que hace poco obtuve para mí y mis vástagos. Deberías sentirte afortunado, entre muchos mortales, te escogido a ti para que seas mi hijo y como padre generoso, te concederé lo que has pedido: Poder.
Durante un breve momento Orlando pensó si era esto lo que el había esperado durante toda su vida: ser inmortal.
Luego de recibir el abrazo de Raynos y convertirse en uno más de sus vástagos, podía sentir recorrer una fuerza descomunal por su cuerpo, su odio reprimido y sus más oscuros pensamientos, por fin habían sido liberados.


----------------------------------------------------------------------------------
Ha pasado mucho desde el eterno sueño de Orlando, y ahora entre vástagos, uno a uno se están eliminando en busca de más poder. El clan de Raynos dentro de muy poco habrá desaparecido.
Orlando como hijo predilecto, a vuelto al mundo del cual una vez formó parte, mientras viaja en un tren, recuerda con dificultad su vida de mortal; pero es demasiado tarde para lamentarse, ahora tiene una misión: mantener pura la estirpe de Raynos, su padre.


viernes, 30 de mayo de 2008

Te Cuento Un Cuento? ... Por Un Beso!

Desde pequeña fue solitaria y callada, eran contadas las veces que se le vió durante su infancia jugar con niños de su edad.
Siempre llevaba entre los brazos una muñeca de ojos melancólicos, cabello lacio y negro, llamaba mucho la atención, pues aquella muñeca tenia una expresión muy triste en su rostro plástico, parecía ser el propio reflejo de su pequeña dueña.

Los padres de Lilia trabajaban todo el día, no tenia hermanos, creo que esto fue el comienzo de su marcada soledad.
Con el paso de los años, Lilia, al igual que el resto de niños del pueblo fue creciendo, en escasas ocasiones se le podía ver caminando, siempre cerca del muelle y justo en aquellos días en el que el frío cruel le helaba a uno hasta los nervios.

Pronto las calles de aquel pueblito costeño eran inundadas por adolescentes alegres y risueños, las carcajadas y el fuerte ruido de la música se hicieron costumbre en los fines de semana, como también las reuniones noctámbulas que se daban en el parque que estaba al frente de la iglesia, las conversaciones en voz alta, las bromas, los cánticos de las jovencitas, todo esto reflejaba vitalidad; pero Lilia nunca estaba presente en las fiestas ni en las reuniones que se daban por las noches, aún en la escuela a pesar de ser una alumna de un buen promedio, trataba de mantenerse escondida, le tenia miedo a la gente, miedo de estar entre todos ellos.

En su salón de clase siempre hubo murmullos y falsas historias con respecto a Lilia:
- Es una acomplejada, decían - un fenómeno - esta medio loca - es una aburrida.
- Dicen que un extraño la violó cuando era niña es por eso que tiene miedo de estar con gente a su alrededor.
- Yo escuché decir que tiene un pacto con el demonio y no sale de su casa por las noches porque hace rituales con sangre de animales en su habitación.

Cada cosa que se decía de ella, cada una peor que la anterior, ninguna cierta, aunque a ella le hubiera gustado encontrar una excusa a su comportamiento solitario y a su pavoroso miedo a la multitud.

La única amiga fiel que había tenido, con la que siempre había conversado y de la que había recibido consejos era: Diana, su muñeca melancólica, aunque a veces recibía la visita de un gato plomo que siempre entraba por la ventana de su cuarto, en aquellas noches sin estrellas, donde la tristeza por seguir con vida se incrementaba más en Lilia.


Hubo un tiempo en que imaginó su muerte, planeó hasta el modo en que moriría y pensaba continuamente en la idea de yacer en un ataúd, en aquella sensación que le produciría ser comida por los gusanos, ese vacío que la deprimía tanto ya no lo sentiría, pues sería parte de él.

Una noche mientras hacia su habitual paseo por el muelle, divisó en la orilla del mar una extraña figura, se acercó mas para poder observar, su corazón comenzó a latir fuertemente, no quería saber quien era el que estaba ahí o a que pertenecía aquella sombra que comenzaba a flotar entre las aguas, sintió una mezcla de miedo y satisfacción, sus piernas se adormecieron y solo caminaban, caminaban en dirección al mar, ¿acaso encontraría alguna respuesta a sus dudas?, sus miedos se fueron convirtiendo en ansias, en deseo de descubrir lo que fuere, porque una voz en el fondo le decía que le estaba esperando, que había venido por ella.

Entró en las aguas del mar, detrás de esa sombra que flotaba, parecía llamarla y cada vez estaba mas hondo, el agua era helada, sentía como si mil espadas de hielo atravesaran su cuerpo, pero debía seguir, habían venido por ella.
Cuando abrió los ojos, un rostro estaba en frente de ella, su corazón moribundo comenzó a resucitar y a bombear rápidamente la sangre por sus venas congeladas, aquel rostro tenía los ojos grandes, los labios delgados, la nariz espigada, el cabello largo y enmarañado. Lilia no podía hablar solo observaba, nunca había estado tan cerca de un hombre, el no dijo nada y la dejó ahí en la arena, luego se volvió caminando lentamente hacia el pueblo. ¿Qué fue lo que pasó? Esa pregunta rondaba en el cerebro de Lilia.

En lo que quedaba de aquella noche, Lilia no pudo dormir, solo trataba de recordar lo que había pasado, la sombra que vino por ella se fue sin esperarla.
¿Y quién era el muchacho que la sacó del mar? Al recordar su rostro, su piel se escarapeló. Aún dando vueltas en su cama recordó aquellos ojos grandes y el cabello enmarañado que caía sobre ellos, no tenia miedo, quería revivir una y otra vez aquel momento, volver a verlo desaparecer entre la niebla.

En los siguientes días tuvo sueños muy extraños, veía la sombra que flotaba sobre el mar esperando por ella, la cogía de las manos y se la llevaba hacia el fondo del mar, luego eran los ojos del muchacho los que la observaban, era él quién había venido por ella, repentinamente todo desaparecía y estaba sentada en la arena, una voz la llamaba: Lilia, Lilia, mi querida Lilia… de un sobresalto despertaba siempre de aquel sueño.

Luego de un par de semanas, cuando estaba caminando por el patio de la escuela, sintió que alguien la miraba, era una mirada penetrante, Lilia volteó y logró encontrar los ojos grandes que la habían llevado al borde del delirio durante el círculo vicioso de sueños que había tenido luego de ver la sombra en el mar.
¡Sí!, eran esos ojos, su corazón volvió a resucitar como esa noche en la arena, trató de buscar nuevamente aquella mirada; pero ya no estaba, ¿Habría imaginado haberlo visto?, ¿Sería acaso su deseo exagerado de volver a verlo, lo que produjo toda esta alucinación?, pues debía ser eso, no era lógico lo que estaba pasando.

Cuando salió de clase y se dirigía a su casa por aquel largo y desolado camino, sintió ponérsele de punta los cabellos de su nuca, un extraño frío recorrió su cuerpo en un instante, era otra vez esa mirada, la podía sentir, detuvo su paso, alguien estaba detrás de ella, era el chico, aquel chico de los ojos grandes, había regresado y esta vez se la llevaría con él.
Volteó tan lentamente que durante ese largo tiempo recordó lo de aquella noche en el mar y los sueños interminables, cuando volvió en sí, ahí estaba, parado debajo de un gran árbol al lado del camino, no había duda, Lilia había esperado mucho por aquel momento, dió un paso y ya estaba en frente de él, volvió a mirar sus ojos grandes, negros, esa noche no los había podido ver bien, eran hermosos, infinitos, su piel era blanca como la luna y estaba vestido de negro como si viniera de un entierro.
Le sonrió, Lilia sentía que si iba se volvería loca.
Lilia... – le dijo – era la misma voz que la llamaba en los sueños, el la tomó de la mano, Lilia sentía quemarse, le gustaba, hasta ahora ella no había dicho ni una sola palabra, no podía hacerlo, sólo quería observar sus ojos y esa sonrisa que la hipnotizaban.
De pronto el ruido de chicos que regresaban a sus casas, alborotando todo a su paso, hizo que Lilia se desconcentrara, ellos solo pasaron de largo murmurando cosas, seguro las mismas que se decían siempre de ella.

Cuando volvió a buscar al chico de ojos infinitos, ya no estaba, otra vez se había ido, Lilia sintió un vacío y las ganas locas de morir, caminó y caminó sin destino, dibujó en su mente aquel rostro perfecto y escuchó una y otra vez aquella voz diciendo: Lilia, Lilia…Lilia.
Llegó a su casa luego de un par de horas, sólo se preguntaba: ¿Cuando volvería a verlo? lo extrañaba, sí, lo necesitaba.
Sus deseos se vieron complacidos cuando entró en su habitación, al lado de su cama estaba él, más pálido; pero más bello que antes, le había estado esperando.
Lilia… - le dijo - mirándola con esos ojos profundos – tardaste en volver a mí, ¿Has pensado en porqué he venido?
- Uriel, llévame contigo – estas palabras escaparon de Lilia - ¿Uriel?, su sorpresa fue grande, no sabía su nombre y ahora de pronto… lo sabía, siempre lo supo.
Uriel volvió a sonreír y dijo: - Pensé llevarte conmigo el día en que me conociste, luego te busqué en tus sueños y aún así tuviste dudas. He estado siempre a tu lado, aquellas noches en las que solo querías morir, en esas noches en las que te aferrabas a la vida y llorabas buscando respuestas, comprendí tus miedos, fui parte de tu soledad, yo soy lo que tú has esperado, yo soy tu respuesta… ahora ven conmigo.
Lilia abrazó a Uriel, lo amaba, iría a donde sea; pero no lo dejaría ir, cruzaría todas las barreras por él.
Sabía lo que tenía que hacer, Uriel merecía cualquier sacrificio, era su dueño y lo seguiría a su mundo.

Salió de su habitación y se dirigió hacia el balcón, ya era de noche, la luz de la luna reflejaba la figura de Uriel que la esperaba afuera, Lilia desató las cortinas y utilizó un extremo de la cuerda para amarrarlo a una de las barras de madera, aquel balcón seria el portal para llevarla al lado de Uriel, ahora el otro extremo de la cuerda estaba fuertemente anudado a su cuello. No lo pensó dos veces, ya estaba subida en el borde del balcón con los brazos extendidos, deseando solo estar con Uriel, deseando un beso, por un beso dejaría su vida terrenal, aquella vida llena de miedos, decepciones, de dolor, una vida injusta y no deseada, por fin se daba cuenta de lo que le había servido, sus preguntas estaban siendo respondidas, era lo que tenía que dar a cambio de tener a Uriel cerca, un precio ahora insignificante.

Estaba cayendo, cayendo, hondo, cada vez más hondo, ya no necesitaba respirar, no había dolor.
Uriel sonreía, estaría con el siempre, tomó de sus manos, por fin lo besaría; pero volvió a caer otra vez hondo y mas vacío, ¿algo salió mal?, trató de alcanzarlo de nuevo, se aferró a sus manos; pero volvió a caer.

No fue fácil como lo creyó Lilia, mil preguntas volvieron a surgir durante sus caídas mortales, después de muerta seguiría sufriendo, mas aún de lo que sufrió durante su vida, este era el verdadero precio que debía de pagar por intentar estar cerca de Uriel, moriría una y otra vez sin tener el beso que la llevó al suicidio.

Lilia estaba condenada a caer eternamente y Uriel estaría esperando el momento en que acabara su castigo y podría llevársela lejos, a su mundo.


Tany Alvino C.

Chiclayo, Perú 2006.